Carlos Reyes Sahagún / Cronista del municipio de Aguascalientes

En aquel tiempo, El Sol del Centro tenía una sección denominada Voces del público, equivalente a lo que hoy serían las Cartas al director, el correo del lector, o como quiera que se llame ese espacio para que Juan Pueblo eche su cuarto a espadas y nos haga saber que está ahí, al pendiente de los asuntos que preocupan a la comunidad, y que alcanzan la expresión de los diarios.

El 3 de febrero de 1965 se publicó en este espacio la opinión de “A.R. Esparza”, en el sentido de que convendría construir la Central Camionera en la esquina de Héroe de Nacozari y Oriente Poniente, ambas avenidas entonces en construcción, y esta última que conocemos con el nombre de Adolfo López Mateos. Entre las razones que Juan Pueblo esgrimía en apoyo de su opinión era que el lugar estaba cerca de la plaza principal, y “convenientemente distanciada de la estación del ferrocarril”.

Desde luego que “A.R. Esparza” no era especialista en desarrollo urbano, por lo que su opinión pasó desapercibida, aunque ciertamente este terreno fue considerado como una de las opciones a elegir, esto por parte de una comisión nombrada para localizar el terreno, que fue encabezada por el ingeniero Mario Barberena Vega, delegado de la Secretaría de Comunicaciones y Transportes, hermano de ya saben quien; el arquitecto Francisco Aguayo Mora, y el constructor Jesús Urzúa Quevedo. Sin embargo no se le consideraba viable debido a la cantidad de chiquillos que deambulaban en las inmediaciones, dado que ya existía ahí el Parque Hidalgo, que había sido fraccionado de la legendaria Huerta Games.

Incluyendo este terreno las opciones eran siete, algunas ubicadas dentro del perímetro urbano. La primera era un terreno anexo al Hospital Hidalgo, con salida hacia la avenida Oriente Poniente.

De seguro a este predio se refiere una fotografía publicada por El Heraldo de Aguascalientes el 8 de febrero de aquel año. Es una imagen obtenida desde las inmediaciones del actual monumento a Juárez, más o menos. Así parece dado que las torres de catedral se observan a la derecha, muy juntas ellas, enfrentando al Sol de la mañana. Lo que se aprecia en el primer plano de la imagen es una nopalera, arbustos, hierba…

La segunda opción era un predio de 12,000 metros cuadrados situado en la salida a México, frente al Hotel Medrano. Otro terreno tomado en cuenta, de 20,000 metros cuadrados, estaba en la colonia de las Flores. También se pensaba en una superficie ubicada entre las calles Galeana y José María Chávez, en la avenida Oriente- Poniente. El último terreno sería uno que se encontraba en la calle Hornedo, a unos pasos del templo de San Juan Nepomuceno.

La nota que daba cuenta de las investigaciones de esta comisión, consideraba que el terreno más viable era el primero; el cercano del Hospital Hidalgo, porque contaba con los “requisitos de una central camionera”, pero esta era solo una opinión.

Lo que al parecer sí estaba claro era que la obra se construiría en una superficie de 12,000 metros cuadrados, y tendría un costo de $2’500,000. Por otra parte, al tiempo que se evaluaban los distintos predios, se hacía también un censo sobre el movimiento de pasaje y unidades de transporte. La idea era construir una instalación con un andén de 12 carriles, salas de espera de primera y segunda clases, y restaurantes adyacentes a ambas.

Finalmente, el 11 de febrero el gobernador Olivares Santana anunció que en no más de 45 días iniciarían las obras, pero en su edición del 27 de abril, este diario anunció que todos los proyectos presentados habían sido rechazados por la SCT, debido a que no reunían las condiciones que tendrían que privar en esta instalación. Además, según esto, la edificación de esta obra traería consecuencias negativas para los intereses de los accionistas de varias líneas de autotransporte, “por considerar que la agrupación de todas las líneas perjudicaría a sus empresas”.

Llegado a este punto, uno bien podría preguntarse por el nombre del juego: ¿a qué jugaban los políticos, los transportistas; los técnicos?, porque ahora resultaba claro que todo estaba como al principio, al menos en el papel periódico.

Esta percepción fue reforzada días después (El Heraldo, 6 de mayo de 1965), cuando este diario publicó una nota a propósito de unas declaraciones del delegado de la SCT, en la que de manera lapidaria se aseguraba que tal y como estaban las cosas los aguascalentenses “no tienen ni la más remota esperanza de contar con los servicios de comunicaciones que requiere una capital de estado”.

El rotativo señalaba que los planes de comunicaciones, no sólo terrestres, sino también aéreas, estaban congelados. Barberena Vega reiteró la idea de que no existía disposición de algunos transportistas, que consideraban que se trastornarían sus intereses…

Casi puedo imaginarlos; casi. En ocasión anterior comenté que la concesión para la edificación de esta obra estaba en manos de Ómnibus de México. Así que quizá lo que hubiera de por medio fueran las envidias y mezquindades de la gente buena…(Felicitaciones, ampliaciones para esta columna, sugerencias y hasta quejas, diríjalas a [email protected]).