Carlos Reyes Sahagún / Cronista del Municipio de Aguascalientes

Espero que a usted no le importe… Pero ya no alcancé a terminar en este año mi peroración sobre cómo fue que Aguascalientes adquirió hace 50 años, en 1967, una obra de infraestructura tan importante como lo es la Central Camionera… De este decrépito año queda únicamente la entrega del 25, que desde luego dedicaré para enviarle a usted una postal de Navidad, y el relato sobre la terminal alcanza… Por lo menos para otras tres o cuatro (esta es la séptima desde mayo pasado).
Lo peor de todo es que ya se acerca; ya casi llega 1968… Perdón: 2018, en el que espero darle noticia sobre acontecimientos de hace décadas, y en particular de hace 50 años; sucesos cuya remembranza quizá sea de su interés, desde luego, movimiento estudiantil incluido. Entonces resulta que se me empalma el asunto; este y otros, porque también quiero platicarle de cosas actuales, pero bueno, ya ni modo. Yo seguiré hasta donde la información aguante, amparándome que en todo caso el año cincuentenario de esta obra habrá de concluir el próximo mes de mayo. Así que corre y se va.
La construcción de la Central Camionera que ahora, luego de la remodelación a que fue sometida hace unos años, lleva el nombre más moderno de Central de Autobuses, finalmente fue aprobada en 1963. Así lo indican las ocho columnas de este diario del 15 de marzo: Cerrado el acuerdo para la Av. Oriente Poniente, Rastro, Central Camionera, etc., en donde el etcétera correspondía a la llamada Unidad de Habitación Tipo que, supongo, y sólo lo supongo, resultó ser el conjunto de casas construidas al lado de la sede estatal del PRI, en la Avenida López Mateos oriente. En cuanto a la Oriente Poniente, se trata de una avenida trazada desde el sexenio del gobernador Luis Ortega Douglas -si no es que antes-; la misma que conocemos con el nombre de Avenida López Mateos.
Poco más de cuatro meses después estuvo en Aguascalientes la “arquitecto” -así la mencionaron, en lugar de escribir el título como se debe: arquitecta- Lourdes González, a fin de esbozar los “planos y estudios”. Para ello, el 3 de julio realizaría un recorrido con el gobernador por aquellos lugares donde se consideraría factible levantar la obra de infraestructura. Ese mismo día, la arquitecta González y los representantes de las líneas de transporte aprobaron la construcción de la terminal de autobuses (al menos así lo informa El Heraldo en su edición del 4 de julio). Entonces se anunció que a más tardar en 15 días se dictaminaría quién se encargaría de la construcción. Aunque no se tenía el recurso; la fuente de financiamiento -¿no iba a ser BANOBRAS?- el costo de la obra sería de $1’500,000.00.
Los transportistas que aprobaron la construcción fueron los que estaban presentes entonces en Aguascalientes: Ómnibus de México, Estrella Blanca, Transportes Chihuahuenses, Transportes Zacatecanos, Permisionarios del Centro y Autobuses Centrales, que tiempo después se llamarían de México Flecha Amarilla.
De lo que no dice nada la prensa es del resultado de este recorrido por las zonas donde se consideraba factible emprender la obra, esto porque la siguiente noticia corresponde a septiembre de ese año. El día 23 llegó a esta ciudad el arquitecto Carlos Miranda, funcionario del Banco Nacional Hipotecario Urbano y de Obras Públicas. Su viaje tuvo por objeto reunirse con el presidente municipal de Aguascalientes, Dr. Francisco Guel Jiménez y con los concesionarios del servicio de transporte foráneo, con el objeto de informarse sobre la próxima adquisición de terrenos para construir la instalación que alojaría a todas las líneas foráneas de pasajeros, obra que realizaría BANOBRAS, a través del otorgamiento del crédito correspondiente, una vez que se hubieran adquirido los terrenos en donde se asentaría la terminal.
Entre los concesionarios hay quienes se inclinaban por aprovechar un predio de la antigua Huerta Games, justo donde hoy es el Parque Hidalgo, mientras que otros se inclinaban por un solar localizado al poniente de la población, cercano a la salida a Calvillo.
De tratarse el primer caso, vendría bien en función de la conexión con la Avenida Héroe de Nacozari, que entonces estaba abriéndose, y en cuanto a la segunda, en esos años estaba en proceso de pavimentación la Avenida Circunvalación, hoy Avenida de la Convención. Por cierto que me acuerdo haber visto el tiradero de fincas, los cascotes llenándolo todo de tierra, cuando se ensanchó la Héroe de Nacozari entre las avenidas Madero y Alameda.
Hay algo que no termino de entender. Al parecer todo se circunscribía al encuentro del pedazo de tierra donde se edificaría tan necesario servicio. Ya había pasado casi un año desde que se activaran las gestiones, y nomás nada. ¿Por qué?, ¿qué impedía que algo tan aparentemente sencillo no activara el asunto?
El hecho de que entonces se hablara de terrenos ubicados en las inmediaciones de la Huerta Games y la salida a Calvillo, y sabiendo donde se construyeron las instalaciones, constituyen una evidencia de hasta qué punto estaba lejos de resolverse el asunto. Si me permite la imagen, era como si anduvieran poniéndole la cola al burro en el cuello del animal. El 25 de noviembre, este diario dio a la luz una nota en la que informaba que el Sr. Antonio Lomelín había reiterado su ofrecimiento de donar una parte de los terrenos de su propiedad al sur de la ciudad, para que fuera utilizado en la construcción de la instalación transportista. (Felicitaciones, ampliaciones para esta columna, sugerencias y hasta quejas, diríjalas a [email protected]).