Carlos Reyes Sahagún
 Cronista del Municipio de Aguascalientes

En su momento, la Central Camionera, inaugurada en mayo de 1967, fue una obra de lo más innovadora y moderna, un ejemplo que atrajo la atención de los transportistas del norte y bajío del país. De hecho es anterior a instalaciones tan importantes como la Terminal Central de Autobuses del Norte, de la Ciudad de México, que comenzó a funcionar en diciembre de 1973, o la de oriente, estrenada en 1978, en tanto que la de Monterrey inició operaciones un par de años después de la nuestra, en octubre de 1969. A reserva de un estudio más pormenorizado del tema, quizá la excepción sea la antigua Central Camionera de Guadalajara, que inició funciones en 1952 (todos los datos procedentes de Wikipedia.org). De hecho en algún momento se habló de seguir el ejemplo de los tapatíos en la edificación de la central aguascalentense.
Que yo sepa -porque de esto no tengo memoria- la primera ocasión en que se habló formalmente de construir una central camionera ocurrió en 1960, y fue enunciada por el señor Gilberto López Velarde en su toma de posesión como presidente municipal de Aguascalientes.
Luego, el 3 de junio de ese año El Heraldo de Aguascalientes publicó una nota en que se afirmaba lo siguiente: “Renace la idea en el municipio de la capital y en el Gobierno del Estado, de hacer la construcción en este mismo año, de una gran terminal única de pasajeros, en donde pueda ser la concentración de cada una de las líneas que hacen el servicio”. La edificación se localizaría en alguna de las dos principales avenidas que se estaban construyendo en esa época, es decir, la Circunvalación, hoy De la Convención, y la Héroe de Nacozari. Pero, como se verá, el asunto estaba todavía muy verde, porque entonces no ocurrió nada en firme que permitiera concluir que el asunto se encaminaba a la meta, esto pese a que a fines de 1960 el gobernador Luis Ortega Douglas anunció que dicha obra estaría considerada en el programa de trabajo del año siguiente, aunque de hecho las ocho columnas del 29 de diciembre decían: “Excitativa a los particulares para que construyan terminal única camionera”, es decir, que por una parte se hablaba de una iniciativa gubernamental, pero luego se dejaba el asunto en manos de “los particulares”, que para el caso serían los empresarios camioneros.
Se hablaba también de la intención de seguir el mismo esquema que en la central camionera de Guadalajara, en donde se dio la concesión a particulares para que la construyeran y mediante la firma de un convenio con el municipio la explotaran por un determinado número de años, mientras recuperaban su inversión, luego pasaría al gobierno para que la siga explotando, en cuanto al terreno se dice que se buscará uno que esté en la avenida oriente poniente, o bien en circunvalación, que serán las de más fácil acceso a las diferentes carreteras.
Ortega Douglas y López Velarde terminarían su gestión en noviembre y diciembre de 1962, respectivamente, sin que se concretara esa aspiración. La verdad es que fueron aquellos tiempos difíciles en que muchos planes quedaron para mejor ocasión, las avenidas Circunvalación y Héroe de Nacozari, por ejemplo, aparte de que el gobernador debió maniobrar para salir adelante de una serie de impugnaciones, unas fabricadas, y otras reales, de tal manera que a final de cuentas estaba bajo su crédito con el gobierno federal, que entonces como ahora, era quien concentraba los recursos que la sociedad generaba y que, en el mejor de los casos, repartía a su leal saber y entender.
Sería más bien durante las siguientes administraciones, la estatal del profesor Enrique Olivares Santana (1962-68) y la municipal del señor Juan Morales Morales (1966-68) cuando finalmente se realizaría la obra.
Permítame ahora contarle que sólo en una ocasión he tenido el privilegio; la experiencia maravillosa, de trabajar en el Archivo General de la Nación, sito en el antiguo Palacio de Lecumberri de la Ciudad de México, cerca del edificio legislativo de San Lázaro -por desgracia una única vez, hasta ahora; tres días de feliz recuerdo-. Entonces me encontré con un correograma, emitido en Palacio Nacional, signado por el licenciado Donato Miranda Fonseca, secretario de la Presidencia del gobierno del presidente Adolfo López Mateos, y dirigido al licenciado Guillermo H. Viramontes, director general del Banco Nacional Hipotecario Urbano y de Obras Públicas.
En el documento de referencia, emitido el 21 de febrero de 1963,es decir, poco más de dos años de los datos que incluyo, se le pide al funcionario bancario su opinión en torno a la posibilidad de edificar una central camionera en Aguascalientes, además de un rastro, esto a partir de una petición que había elevado -esa esa la palabra- al Señor Presidente de la República el gobernador del estado, profesor Enrique Olivares Santana, al cual podría aplicarse el refrán aquel de llegando y echando lumbre, dado que había iniciado su gestión apenas unos meses atrás, el uno de diciembre de 1962.
Desconozco cuál fue el sentido de la respuesta, pero me atrevería a afirmar que positiva, dado que Viramontes era de Aguascalientes. Incluso ese mismo año patrocinó la primera edición del libro clásico Letras sobre Aguascalientes, que compiló Antonio Acevedo Escobedo.(Felicitaciones, ampliaciones para esta columna, sugerencias y hasta quejas, diríjalas a carlos.cronista.aguascalientes@gmail.com).

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