Noé García

Para muchos el terremoto del 19 de septiembre de 1985 que sacudió el Distrito Federal fue el nacimiento de la sociedad civil organizada, así como la cultura de la protección civil; más de 2,500 edificios sufrieron daños estructurales, de estos 880 fueron derrumbados totalmente por el sismo. Se contabilizaron a 6.000 muertos por la catástrofe, gran parte de la infraestructura de Salud y Educativa se dañó.

Ante lo anterior las autoridades del gobierno, justificados en la crisis económica de 1982 se quedó paralizado. La hora de inicio se marcó a las 7:12 a.m., el entonces presidente Miguel de la Madrid, tardó 9 horas para salir a recorrer la ciudad, y tres días para dar un mensaje. Ahí donde existió una ausencia del gobierno surgió la espontaneidad de la solidaridad del pueblo, que sin importar extracto económico, género o nivel educativo, tomó las calles y comenzaron a ayudar. Una organización espontánea pero eficiente. Ante lo terrible y dantesco de una ciudad destruida, escritores y analistas coinciden que se dio uno de los capítulos más hermosos y excepcionales como sociedad.

Pero la organización no terminó en la búsqueda y rescate; semanas, meses y años después, vecinos se organizaron para exigir el derecho a su vivienda. Surgieron organizaciones, liderazgos y estos fueron ganando espacios y batallas; fue un ejemplo de organización y lucha.

El reportero José Luis Ramírez describe: “Surgen uniones y asociaciones, y el 27 de septiembre, se realiza la primera movilización de damnificados hacia Los Pinos, con aproximadamente 30 mil personas, desfilan en silencio con tapabocas y cascos, símbolos de los rescatistas. Demandan la expropiación de predios, créditos baratos, un programa de reconstrucción popular y la reinstalación de los servicios de agua y luz. Las protestas y marchas se extienden por días, y el paralizado gobierno de Miguel de la Madrid trata de reaccionar tardía y torpemente. Cuando finalmente recibe a los afectados para comunicar las acciones del gobierno y esperando que los afectados agradecieran, la gente le reclama que no se ha dado solución ni a la décima parte de los afectados y que faltan más”. A los que les habían otorgado vivienda y créditos, los convocaron para un evento con el presidente, ellos lo rechazan y se solidarizan con los que quedaron fuera, de ese tamaño el compromiso.

Pero, ¿qué probabilidades hay de que el mismo día 29 años después se diera un suceso similar? Así ocurrió el 19 de septiembre del año pasado, después de realizar los simulacros que conmemoraban el sismo de 1985, comenzó otra oscilación de la tierra. Si bien los avances en cuanto a reglamentación técnica para la construcción de edificios avanzó, la antigüedad de algunos, pero sobre todo la corrupción en el otorgamiento de licencias de construcción, provocó que edificaciones fueran colapsadas.

Cuando ocurrió el terremoto del 1985 yo tenía 6 años de edad, pero recuerdo cómo las imágenes en televisión me impactaron, ver gente común, con el rostro y cabello empolvado quitando pedazos de escombro de los edificios derrumbados, y cómo propagaban las noticias de personas rescatadas, me llenaban de tensión y temor; en 1917 le dije a mi familia tenemos que apoyar de algún modo.

Podría, pegar y copiar líneas arriba que describieran la solidaridad en el 85, para describir la del 2017, digo esto para ayudar a recordar y visualizar que no es casualidad el apoyo por parte del pueblo para el mismo pueblo. Si bien hace un año las instituciones del Estado reaccionaron de mejor manera, el compañerismo y la organización de las personas los rebasó nuevamente.

En 1985 se veía lejano un cambio democrático, pero la inercia de aquella muestra de organización llevó al resultado de 1988, de 1997 y 2000; y creo yo que la réplica de 2017 influyó de manera significativa en el resultado de este 2018.

¡Dichas fechas no pueden quedar en el olvido!