Jesús Orozco Castellanos

“Se le están alineando las estrellas a López Obrador”, escribía en días pasados el destacado columnista Leo Zuckermann. Dada la descomposición del escenario político y el empeoramiento de la situación económica a raíz de la caída de los precios del petróleo y el alza de las tasas de interés, todo apunta a que, si el Movimiento de Regeneración Nacional (MORENA) obtiene una votación cercana al 10% en las próximas elecciones federales del 2015, AMLO se podría convertir en el próximo Presidente de la República. MORENA es el brazo político del tabasqueño y lo tiene bajo su control absoluto. Ya no depende de los vaivenes en el PRD, tiene recursos para hacer su propia campaña y todo dependería de su estado de salud, aunque anda corriendo el rumor de que nunca se enfermó, que fingió el infarto para no emprender un movimiento de rechazo a la reforma energética, a sabiendas de que no había sustento social para ello. Quienes lo conocen bien, afirman que es capaz de todo. El principal argumento de esta versión es que tras el doble infarto al miocardio (real o fingido), volvió a recorrer el país como si nada.

Ya desde hace algunas semanas el politólogo argentino Andrés Oppeheimer, que radica en Estados Unidos y es el editor en jefe para América Latina del periódico Miami Herald, había señalado que en México ya era tiempo de que la izquierda moderada tuviera la oportunidad de acceder al poder presidencial, después de que lo han hecho tanto el PRI (durante 72 años) como el PAN (por 12 años). De hecho las cosas se le están complicando al presidente Peña Nieto y al PRI después de los casos de Tlatlaya, Iguala y la “casa blanca” de la primera dama. El diario Reforma publicó hace unos días una encuesta en la que el presidente Peña Nieto perdió 13 puntos en la aprobación de su gobierno, de agosto a diciembre de este año. En ese mismo lapso, el PRI perdió 10 puntos en la intención de voto. El PRD también perdió, aunque no tanto, y el principal beneficiario de esas caídas viene siendo el Partido Verde. Por su parte, la aceptación a la labor del Ejército cayó de 69% a 56% de abril a diciembre del presente año. Ha tenido en su contra la masacre de Tlatlaya y el hecho de no haber actuado en los hechos de Iguala, cuando los primeros asesinatos ocurrieron ante los ojos de un grupo de militares allí presentes.

Por si fuera poco, ahora se le vino encima el vendaval al secretario de Hacienda, Luis Videgaray, que le compró una casa (su valor se estima en 7.5 millones de pesos) en Malinalco, estado de México, al mismo contratista del grupo Higa que construyó la “casa blanca”, el Ing. Juan Armando Hinojosa Cantú. Videgaray se defendió diciendo que en su función como secretario de Hacienda no asigna contratos y que la operación fue completamente legal. Lo más probable es que tenga razón porque, además, una casa de 850 metros cuadrados a ese precio y en esa zona está dentro de los estándares del mercado. Mencionó también que cuando fue secretario de Finanzas en el gobierno del Estado de México, tuvo trato social con Hinojosa, a quien conoce desde hace muchos años, pero no le asignó contratos porque a él no le correspondía esa función. La verdad es que se vio bien el secretario de Hacienda. Fue puntual y contundente. No obstante, priva el escepticismo entre varios articulistas de la prensa nacional que consideran a Videgaray un hombre despótico y altanero, que no se tocó el corazón a la hora de incrementar los impuestos, por lo que los empresarios y los contribuyentes se encuentran molestos con sobrada razón.

Algo hay en la política de comunicación del actual gobierno que no logro entender. Como que les molesta la crítica, por muy moderada y poquita que sea. Decía el jefe de la Oficina de la Presidencia, Aurelio Nuño, que el actual gobierno no trabaja a base de “bravuconadas” ni para “saciar” a los articulistas (me imagino que se refirió a que no se pretende darles gusto). Además, se acaba de anunciar la cancelación del programa Tercer Grado, espacio de opinión conducido por Leopoldo Gómez, en el que participaban Joaquín López-Dóriga, Ciro Gómez Leyva, Carlos Marín, Carlos Loret de Mola, Víctor Trujillo, Adela Micha y Denise Merker. Leopoldo Gómez no dio ninguna razón sobre la desaparición del programa. No creo que haya sido por la falta de “rating”. Televisa puede darse ese tipo de lujos. Dinero es lo que le sobra. Si el asunto tiene que ver con el temor a la crítica, pues qué lamentable.

Volviendo al tema de López Obrador, lo que afirma Leo Zuckermann ha sido señalado por varios comentaristas. Le están poniendo en charola de plata la oportunidad de convertirse en Presidente de la República. Algunos incluso han dicho que el país necesita una sacudida por la ola imparable de corrupción e impunidad, y que el más indicado para llevar a cabo la sacudida es precisamente AMLO. Yo mismo he compartido ese punto de vista y lo he manifestado en este espacio. El problema de AMLO no sólo es su afán mesiánico, su melomanía, la posibilidad de que pretenda reelegirse “ad infinitum”, sino el hecho lamentable de que no sabe hacer cuentas. En alguna ocasión lo entrevistaron y dijo que bastaría con reducir a la mitad los sueldos de los altos funcionarios para pagar la deuda externa. Le hicieron la cuenta y esa reducción representaría cuando mucho entre 700 y 800 millones de pesos. Y como sabemos, la deuda externa del país rebasa los 150 mil millones… de dólares. Con lo que sí se alcanzaría es con las reservas internacionales, que ya casi llegan a los 200 mil millones de dólares. Pero son reservas y sirven justamente para enfrentar emergencias, como la actual devaluación del peso. Para evitar una mayor caída de nuestra moneda, el Banco de México está poniendo a la venta alrededor de 200 millones de dólares diarios.

La sacudida puede tener costos altos. Imagínese usted al Presidente de la República echando mano de las reservas internacionales para la construcción de los trenes rápidos de México hacia la frontera norte. Son promesas que AMLO ha venido haciendo y que no ha rectificado nunca. O imagíneselo echando abajo la reforma energética que nunca le gustó. Se podría producir un verdadero cataclismo. Quizá la única forma de impedirlo sería la intervención directa de los Estados Unidos. Tienen forma de hacerlo. Bastaría con que anunciaran la cancelación de sus compras de petróleo a PEMEX. Ya son autosuficientes en materia energética porque están produciendo petróleo mediante “fracking” (aplastamiento de rocas).

Muchos pensamos que sería lamentable la llegada de AMLO a la Presidencia de la República, pero en un país con elecciones democráticas no hay forma de impedirlo si el voto le favorece. Además, el gobierno norteamericano ha dado muestras de no estar muy interesado en los procesos electorales de México. En el 2006, AMLO perdió por unos cuantos votos la Presidencia. Ni el Presidente ni el Congreso de los Estados Unidos movieron un dedo. Y tampoco es conveniente que intervengan ellos. Lo han hecho en otros países y el resultado ha sido un desastre. Allí está el caso de Irak. De nada sirvió la invasión militar del país por parte de los norteamericanos. No para la secuela de muerte y violencia. Más aún, parece ir de mal en peor. De manera que el destino de México, para bien o para mal, sólo puede ser decidido por los mexicanos.