David Reynoso Rivera Río

El pasado 5 de febrero no únicamente fue día festivo por voluntad del legislador para que graciosamente los ciudadanos gozáramos de un día obligatorio de descanso en términos de la normatividad laboral, sino que dicha festividad obedece a la conmemoración del 101 aniversario de la promulgación de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos. Con ello, se ha dado inicio al segundo centenario de vida de nuestra norma fundante.

En sus orígenes, Carranza encabezó los trabajos que propiciaron nuestra Constitución con la intención de dar vida a una república democrática, plena y libre de autoritarismo. Los interesantes debates, se dicen iniciaron el 1 de diciembre de 1916 en el Teatro Iturbide, en la ciudad de Santiago de Querétaro, y éstos terminaron el 31 de enero de 1917 para que fuera promulgada el 5 de febrero y entrara en vigor en mayo del mismo año.

¿Qué es una Constitución? Numerosos autores han escrito ríos de tinta al respecto; sin embargo, considero acertado recomendar la lectura de Ferdinand Lassalle en la que propone, entre muchas cosas, que la Constitución es algo mucho más firme y superior que cualquier ley ordinaria, de ahí que se le conozca como ley fundamental que “constituye” el verdadero fundamento de las otras leyes. De igual manera menciona es una fuerza que permite que las instituciones jurídicas y las leyes sean lo que realmente son; todo ello, englobando en suma a todos los factores reales de poder en el país.

En México, podemos decir que nuestra Constitución es la norma que regula el conjunto de actividades económicas, políticas, educativas y sociales del país. Hoy en día, se encuentra dotada de un gran contenido histórico y a su vez de un gran contenido humanístico que dio un giro copernicano gracias a la reforma en materia de derechos humanos que desde 2011 obliga el máximo respeto a los derechos fundamentales desde la propia norma constitucional.

Llama la atención el hecho de que exista un debate en los últimos años sobre la viabilidad de generar un nuevo texto constitucional ya que si analizamos los 136 artículos que dieron vida a nuestro máximo ordenamiento, 114 de ellos han sido reformados y 22 de ellos (8,9,12,13,23,38,39,47,50,57,64,68,80,81,86,91,118,126,128,129,132 y el artículo 136) continúan “intactos”. La numeralia nos arroja que existen más de 700 reformas constitucionales, de las cuales el artículo 73 (mismo que regula las facultades del Congreso) es el que ha sufrido un mayor número de reformas llegando casi a las 80.

Hoy en día, nuestra Constitución alcanza las 70,000 palabras cuando en sus orígenes abarcaba 21,000 palabras. Todo ello, resulta producto de nuestros Presidentes, quienes se han caracterizado por su espíritu reformador a través de los siguientes datos: Luis Echeverría reformó 40 artículos, José López Portillo con 34, Miguel de la Madrid con 66, Carlos Salinas de Gortari con 55 artículos reformados. Mientras que Ernesto Zedillo logró modificar 77 artículos, Vicente Fox 31 artículos y Felipe Calderón impulsó durante su sexenio cerca de 116 reformas.

Actualmente, Enrique Peña Nieto supera las 150 reformas constitucionales y su mandato se ha caracterizado por dotar a nuestro país de las reformas estructurales que a largo plazo constituyen un esfuerzo por dar vida a una mejora en diversos ámbitos de nuestro país. A 101 años de la Constitución de 1917, nos encontramos no sólo ante la interrogante sobre la creación de una nueva Constitución, sino también ante un gran reto que será el analizar de fondo las funciones de los organismos constitucionales autónomos que hoy en día se han consolidado como ese gran galimatías carente de criterios uniformes y que únicamente parece un medicamento placebo ante la desconfianza ciudadana.

En unos cuantos meses estaremos eligiendo al próximo presidente de la República y al próximo Congreso de la Unión. Ellos serán los encargados de darle continuidad a los proyectos de largo plazo u optar por un nuevo modelo constitucional que dará progreso o inclusive retroceso en la vida económica, social y cultural de nuestro país

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